Preocupación por la situación de las UCIs COVID de Cabueñes, donde una enfermera puede tener al cuidado hasta cuatro pacientes

20 noviembre 2020

El Sindicato de Enfermería alerta del peligro que supone una ratio de tres o cuatro pacientes por enfermera, que se traduce en una carga de trabajo “desproporcionada e inasumible” muy por encima de lo recomendado en una unidad de cuidados intensivos.

El Sindicato de Enfermería, SATSE, ha alertado de la situación en la que se encuentran las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs) destinadas a pacientes COVID en el Hospital de Cabueñes, con una ratio por enfermera de hasta cuatro pacientes, una carga de trabajo desproporcionada e inasumible que complica mantener unos cuidados de calidad.

SATSE Asturias ha trasladado su preocupación reiteradamente a la Administración por diferentes vías, tanto a la Gerencia del Área Sanitaria V como al Servicio de Salud del Principado, Sespa, y a la Consejería de Salud. Sin embargo, por el momento no se ha dado solución alguna que permita aligerar la sobrecarga asistencial que sufren las enfermeras en las UCIs, motivada por la escasez de profesionales disponibles para el refuerzo de estos servicios que requieren unos niveles muy altos de atención y responsabilidad.

Mientras la ratio apropiada para una unidad de cuidados intensivos no debería ser superior a dos pacientes por enfermera por el tipo de trabajo que se desarrolla, en las UCIs de Cabueñes destinadas a pacientes positivos de COVID se están enfrentando desde hace semanas a tres y hasta cuatro pacientes por profesional. “Este número de pacientes por enfermera es insostenible en el tiempo en una unidad de cuidados intensivos, más teniendo en cuenta las especiales características de los pacientes COVID ingresados en estas unidades”, insisten desde SATSE.

Seis horas y hasta nueve con el EPI

Una ratio tan poco apropiada puede derivar, advierten desde el Sindicato de Enfermería, en situaciones comprometidas para los profesionales. “La elevada presión asistencial en estos dispositivos puede repercutir negativamente en la calidad de la atención prestada al usuario, así no se puede trabajar”, lamentan. La escasez de profesionales en las UCIs se traduce, por ejemplo, en que las enfermeras tengan que permanecer hasta seis horas con el equipo de protección individual (EPI) puesto, llegando incluso a las nueve horas en horario nocturno.

A esta compleja realidad que las enfermeras y enfermeros padecen a diario, se suma que gran parte del personal destinado ahora mismo a las UCIs COVID de Cabueñes carece de experiencia previa en este tipo de unidades. Otro inconveniente añadido está relacionado con las propias infraestructuras, pues al tratarse de UCIs habilitadas de urgencia en espacios no pensados inicialmente para ello, la operatividad de los mismos y el desempeño del trabajo de Enfermería se ven comprometidos.

“No queremos ser alarmistas”, pero la prestación de los cuidados adecuados se complica cuando se trabaja con este sobreesfuerzo y con la presión añadida de no saber si podrás llegar a todo”, explican. Y añaden: “Corremos además el riesgo de que la extraordinaria presión laboral y emocional a la que se ven sometidas las enfermeras termine por pasarles factura, con repercusiones en su salud, si se ven obligadas a soportar esta situación durante un periodo prolongado de tiempo”. No podemos olvidar, insisten, en que el colectivo enfermero “arrastra una sobrecarga física y psicológica desde hace meses, que ahora se ha agravado”, recuerdan desde SATSE.